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Monday, September 21, 2015

Sorbida es la Muerte en Victoria!

“Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «Sorbida es la muerte en victoria.»” 1 Corintios 15:54

Aveces y aun entre cristianos mismos manejamos un concepto errado de lo que significa la muerte. Durante el velorio de mi padre muchas de las personas que se me acercaron a dar sus condolencias me decían que Dios nos de resignación. Es una costumbre que se tiene en Ecuador y se que todos lo ofrecían con las mejores intenciones por lo cual simplemente les agradecí por sus palabras. Personalmente la palabra resignación no es una que me gusta usar en mi vocabulario. Para mí tiene una connotación negativa ya que habla de darse por vencido o de aceptar una situación adversa. Por su puesto que estaba aceptando la muerte de mi padre, pero como el hombre cristiano que fue redimido por la sangre de Jesus creo que el sentirse resignado no es exactamente la manera en que tenemos que enfrentar la muerte de un ser querido. El dolor por perderlo esta presente pero al mismo tiempo se experimenta una paz sabiendo que esa persona esta en un mejor lugar y ha cumplido su meta en la tierra. El apóstol Pablo siempre escribía en sus cartas acerca de lo que significaba la muerte para él. Lo veía como una ganancia sabiendo que se reencontraría con Jesus pero mientras estaba vivo decidía vivir para Cristo entregando su vida a su servicio para que los demás conozcan Su amor. Pablo veía la muerte no como algo inevitable a lo cual tenía que resignarse, sino como una meta a la cual quería llegar para reencontrarse con Su Salvador. Cuando vivimos una vida entregada al Señor nuestra muerte se transforma en una victoria gracias al sacrificio de Jesus en la cruz por nosotros. La muerte fue vencida y podemos alegrarnos de que todo nuestro trabajo para el Señor no fue en vano sino que fue recompensada una vez que cruzamos la meta. 

Muchas veces vivimos tan enfocados en nuestra vida aquí en la tierra y en nuestros problemas pasajeros que nos olvidamos de vivir para lo que realmente importa. Dios quiere que comencemos a disfrutar de los tesoros eternos que tiene para nosotros pero para lograrlo debemos despojar nuestra mente de lo temporal. Aveces lamentamos la perdida de un ser querido porque pensamos que tenía tantos años por delante, cuando en realidad comparado con la vida eterna 10,30,50, o 90 años más no hacen mucha diferencia. Nuestra vida aquí es un soplo y más cuando disfrutamos de una relación intensa con Dios que nos permite disfrutarla al máximo porque la mies es tanta que el tiempo aveces nos queda corto para cosechar todo lo que hemos sembrado. Aveces creemos que nos perdemos de muchas cosas si no buscamos satisfacer nuestros deseos y sueños personales, pero en realidad cuando vives una vida entregada a Dios esa satisfacción de estar cumpliendo con el propósito por el cual fuiste llamado no tiene equivalente. Cuando comenzamos a vivir la vida con nuestra mirada puesto en lo eterno entonces entendemos que la muerte no es el fin y no es algo a lo que tengamos que resignarnos, sino que es algo que ya ha sido conquistado por Jesus y podemos verlo como una victoria así como lo vio Pablo. No es cuestión de resignarnos, sino de ansiar poder llegar a ese reencuentro con nuestro Salvador y alegrarnos por aquellos que ya han llegado a la meta y dejaron su legado aquí en la tierra para que sigamos con la labor de ayudar a los demás a recuperar todo lo que el enemigo les ha querido quitar. No te resignas, enfocate en lo eterno!    

Wednesday, September 2, 2015

Recibiendo una Corona Incorruptible

“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mi, sino también a todos los que aman su venida.” 1 Corintios 9:25

Unos años después de haber sufrido un infarto cerebral, mi padre fue homenajeado por el canal de television donde trabajó por muchos años como presentador de noticias. A pesar de que los medicos le habían dado un pronostico bastante desalentador, él pudo rehabilitarse y con la ayuda de un bastón caminar dejando así su silla de ruedas. Esa mañana que estuvo invitado al canal, le pusieron una alfombra roja desde el pasillo hasta el estudio con todos sus compañeros de trabajo a los lados recibiéndolo con aplausos y alentándolo a seguir marchando. No me voy a olvidar la cara de emoción que tenía cuando doblo la primera esquina y vio a tantos amigos queridos esperándolo. Después de varios minutos llego al estudio muy emocionado y sonriente. Allí sus compañeros le rindieron un homenaje por sus años de servicio en el canal y por los grandes avances que venía demostrando en su rehabilitación. Nunca me voy a olvidar de esa gran sorpresa que recibió ese día y de la cara que puso al ver tanto cariño en reconocimiento por su labor. Dios me volvió a recordar esa misma imagen un par de años después cuando estaba en el velorio despidiéndolo, y me llevó a pensar cuanto más emocionado estaría mi padre ahora recibiendo las coronas prometidas por Dios en reconocimiento a su labor en esta tierra. Ese fue tan solo uno de los muchos recuerdos reconfortantes que el Señor me dio en ese día, pero quizá el que me llenó de más paz y satisfacción sabiendo que la corona que estaba recibiendo en los cielos era una incorruptible y eterna.    

Decenas de personas se acercaron durante ese día a contar como mi papa salvo sus matrimonios gracias a sus consejos, o que él los había bautizado, o que fue el que les compartió del amor de Jesus. Cientos de personas dejaron mensajes similares en las redes sociales. Fue hermoso ver como Dios lo había usado para ministrar tantas vidas y consolidar tantas familias. Definitivamente las semillas que él había plantado estaban dando sus frutos. El Señor promete en Su Palabra que nuestro labor será recompensado. Colosenses 3:23,24 dice “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.” Si mi padre fue reconocido en vida por su labor periodística en tan lindo homenaje, cuanto más en los cielos por toda su labor como pastor y evangelizador. Pablo escribió en su carta a los Corintios que los cristianos recibirían una corona incorruptible por causa del evangelio. En 2 Timoteo 4:8 también nos recordó que, “Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” El propio Santiago también se refiere a una corona cuando habla sobre vencer las pruebas: “Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman.” E inclusive Pedro lo menciona en su carta: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” Estas coronas nos han sido prometidas a los que con paciencia corremos la carrera y servimos al Señor. Estas promesas fueron simplemente una de las muchas maneras en que sentí el consuelo y abrazo de Dios en ese día tan difícil. Y una vez más me vino a la mente esa imagen de él sonriendo y recibiendo sus coronas sabiendo que su labor y sacrificios no fueron en vano.