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Saturday, March 12, 2011

El Hombre Que Se Negó a Ser Rey

¨Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros.¨ Jueces 8:23

La mano de Dios estuvo con Gedeón de una manera muy clara al derrotar a los madianitas. El pueblo vio que Dios estaba con Gedeón y lo quisieron nombrar como Rey, pero Gedeón sabía de donde provenían sus fuerzas realmente y además conocía su propósito en esta vida. El único Rey de la nación sería Jehová, él cual realmente le había dado la victoria a su gente. Gedeón simplemente fue una herramienta en las manos de Dios y no permitió que la victoria que le fue dada lo enorgullezca. El nunca le quito la gloria a Dios, sino que a pesar de haber conseguido una victoria importantísima frente a los madianitas, Gedeón siempre señaló a Dios como el responsable del triunfo de Israel. Un error que cometemos muchas veces los hombres es que cuando Dios nos da las fuerzas para obtener una victoria en nuestras vidas personales, muchas veces nos olvidamos de Dios y permitimos que el orgullo se apodere de nuestras vidas. Nos olvidamos que Dios fue el que nos dio el triunfo, y comenzamos a creer que nuestros éxitos fueron por nuestros propios meritos. Deberíamos aprender de Gedeón que en todo momento le dio la gloria a Dios por su victoria y no permitió que el resto del pueblo le diera la gloria a él. Un verdadero hombre de Dios siempre debe señalar a Dios como el responsable de todos sus éxitos y darle la gloria a Él; no tratar de llevarse los reconocimientos sino reconocer al Dios verdadero que nos da la victoria siempre.

Lamentablemente uno de los hijos de Gedeón no tuvo la misma actitud que su padre. Abimelec fue uno de los setenta y un hijos que tuvo Gedeón y él sí quería aprovechar la buena fama que había ganado su padre para gobernar a su gente. Abimelec no siguió el ejemplo de Gedeón, ni tomo en cuenta sus palabras cuando dijo que ninguno de sus hijos gobernaría a la nación. Abimelec decidió asesinar a sesenta y nueve de sus hermanos para poder gobernar a la gente de Siquem. El único que se salvo de los setenta hermanos fue Jotam que se escapó y huyo de la tierra antes que Abimelec lo pudiera matar. Abimelec nunca honro la petición de su padre y el pueblo tampoco tomo en cuenta el consejo de Gedeón ya que decidieron nombrarlo a Abimelec como su gobernador. Fue la peor decisión que pudieron haber tomado y todos tuvieron que pagar las consecuencias de haber ignorado a Dios ya que Abimelec sembró el terror en Siquem mientras gobernó a su gente por tres años. Jotam ya les había advertido sobre este gran pecado cuando les dijo: ¨El olivo respondió ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande entre los árboles?¨ (Jueces 9:9). Fue un ejemplo claro que los habitantes de Siquem podrían comprender fácilmente. La función del olivo era dar su fruto y no gobernar sobre el resto de los arboles. Nuestra función es cumplir con el propósito que Dios nos ha dado y dar nuestro fruto, pero nunca quitarle el reconocimiento a Dios como nuestro Señor y Rey.  Cuando cumplimos con nuestro propósito estamos dando frutos que glorifican a Dios. La gente puede ver a Dios a través de los frutos que damos siempre y cuando lo reconozcamos a Él.

Dios quiere que nosotros conozcamos la función y el propósito específico que Dios nos ha dado y no buscar simplemente reconocimiento, fama, o dinero. Nuestro propósito debe ser el de reconocer siempre a Dios como nuestro Señor. Todo lo que hagamos lo debemos hacer para nuestro Padre  y ponerlo a Él en primer lugar de nuestras vidas. No se trata de buscar que el resto de las personas nos admiren sino de siempre señalar a Dios como el verdadero Rey de nuestras vidas. Todas las victorias que obtenemos son gracias a Él. Si seguimos el ejemplo de Gedeón vamos a poder conquistar cosas grandes y a enemigos más fuertes que nosotros. Debemos dejar que Dios sea Dios para que pueda obrar en nosotros y usarnos en maneras sobrenaturales. Eso sí, cuando Dios nos de la victoria no nos llevemos el crédito nosotros sino démosle todo el reconocimiento a nuestro Padre Celestial que es el que nos da las fuerzas para obtener la victoria. Dejemos que el Señor sea Señor de nuestras vidas, que Él nos dirija en todo lo que hagamos, y no busquemos nuestra propia gloria como lo hizo Abimelec porque eso solo nos llevará a nuestra autodestrucción. Démosle siempre la gloria a Dios por lo que hará en nuestras vidas.

Wednesday, March 9, 2011

Gedeón y Sus 300 Vencieron a los Madianitas

¨Y Gedeón le respondió: Ah, Señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y donde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.¨ Jueces 6:13

Durante mucho tiempo me pude identificar con Gedeón y conozco a muchas personas como él que a veces cuestionan el poder de Dios. Ante tanta maldad en el mundo nos preguntamos donde esta Dios y cómo alguien que dice ser amoroso puede permitir que ocurran tantas desgracias. Gedeón estaba pasando por la misma situación ya que su pueblo estaba siendo atormentado por los madianitas. Estos venían como langostas y saqueaban todas sus cosechas dejando a los israelitas sin nada para poder sobrevivir. La nación de Dios estaba padeciendo persecución. Dios les había dado una tierra donde fluía leche y miel, pero en este momento no podían disfrutar de ella porque los madianitas les arruinaban todas sus cosechas. Gedeón había escuchado esas grandes historias sobre su nación y como Dios los había traído con grandes milagros desde Egipto a Canaán, pero todo eso había quedado en los cuentos de hadas porque la realidad era otra muy diferente. Los madianitas dominaban a los israelitas con sus grandes ejércitos y fuertes carros durante ya siete años. Dios parecía que los había abandonado. Todas las conquistas habían quedado en el pasado y Dios estaba divorciado de su pueblo. Esta fue la reacción de Gedeón (con la que muchos de nosotros nos podemos identificar hoy) cuando vino el Ángel del Señor a llamarlo para que libere a su gente. Gedeón se encontraba trabajando a escondidas para que los madianitas no le quitaran el trigo cuando Dios lo confronta y lo llama a salir del escondite y del anonimato. Dios vio algo en Gedeón que quizá nadie más podía ver ya que era de una familia pobre y era el menor de sus hermanos, pero Dios lo llama varón esforzado y valiente. Dios encuentra cualidades en nosotros que quizá ni aun nosotros sabíamos que existían, pero cuando Dios las activa puede hacer grandes cosas con ellas como en el caso de Gedeón.  

La razón por la cual el pueblo había caído en desgracia era simplemente porque el ciclo volvía a repetirse: los israelitas se olvidaban de las grandes obras de Dios y se volvían tras sus ídolos. Dios nunca desecho a Israel, sino que fueron ellos lo que dejaron a Dios de lado para servir a sus propios dioses y sus propios deseos. Debido a que el pueblo hizo lo malo delante de los ojos de Dios, fueron dominados por Madian. Esa era la sencilla respuesta a las preguntas de Gedeón. Ellos se encontraban en esa situación porque dejaron de confiar en Dios y siguieron su propio camino. Muchas veces queremos que Dios nos bendiga pero vivimos alejados de Él y no le permitimos obrar. Eso simplemente nos termina debilitando como le sucedió al pueblo de Dios vez tras vez. Pero nuevamente Dios muestra su misericordia y gran amor cuando el pueblo clama a Jehová para ser liberados de la opresión. No importa cuántas veces se repita el ciclo del pecado y alejamiento de Dios, este vuelve a perdonar y levantar a su pueblo cuando le buscan. Dios escucho el clamor de su gente y decidió mostrar su gran poder una vez más utilizando a un desconocido como Gedeón para enfrentar a un ejército de 135 mil soldados.

Dios se mantiene fiel a sus promesas y su carácter no cambia. El permanece inmutable a pesar de que nosotros le continuamos fallando vez tras vez como lo hacían los israelitas. En el momento que clamamos por su perdón y liberación, Él está allí para perdonarnos, levantarnos y rescatarnos. A pesar de que Dios no cambia, sus métodos sí cambian. Con los anteriores jueces Dios usó a diversas personas para liberar a su gente como Aod que derroto al enemigo con un puñal de dos filos, o Samgar que destruyo a sus enemigos con una aguijada de bueyes, o Jael que le metió una estaca en la sien del General de Hazor cuando Barac lo estaba asechando. En cada uno de esos casos Dios libero a su gente de diferentes maneras, y con Gedeón iba a suceder lo mismo. La conquista de Gedeón sobre los madianitas no dejaba duda una vez más de que la victoria la daba Dios. Dios le dice a Gedeón que enfrente a los 135 mil soldados con tan solo 300 hombres y sin ninguna arma. Gedeón obedece a Dios y logra la victoria después de sorprender el campamento madianita de noche y dejar que ellos se maten entre sí. Dios no cambia, pero aún así nos sigue sorprendiendo con sus métodos para darnos la victoria. Quizá no entendamos algunas situaciones que estamos atravesando en nuestra vida personal, pero debemos tener la certeza de que Dios está en control y que nos va a dar la victoria aunque sea de una manera inesperada o ilógica como lo hizo con Gedeón. Así como con Gedeón no quedó duda de que Dios fue el único que pudo haber dado la victoria a Israel, Dios quiere hacer lo mismo en nuestra vida y hará un milagro para que los demás vean que solo Dios pudo habernos rescatado y levantado. Lo único que debemos hacer es clamarle y pedir su intervención divina en nuestras vidas. ¨Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?¨ Jueces 6:14.