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Friday, December 11, 2015

La confesion menos esperada

¨Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino.¨ Lucas 23:40

Lucas es el único Evangelio en donde se relata la confesión del criminal que estaba crucificado al lado de Jesús. Mientras uno se unía a las burlas de la multitud y le pedía que demostrara su poder salvándolos de la cruz, el otro entiende el cuadro y sabiendo que está recibiendo su castigo merecido le pide a Jesús que lo recuerde cuando vuelva en su Reino. Este malhechor creyó en Jesús y ante la inminente muerte le pidió salvación. Es una confesión corta pero sincera, y Jesús viendo su corazón le otorgo la salvación. Es irónico porque mientras el otro criminal le pedía a Jesús que los salvara de la cruz, este entendió que había una salvación más importante aún: el de nuestras almas. El sacrificio de Jesús en la cruz fue por nosotros, para nuestra salvación, y por eso sabía que no podía bajarse de la cruz. Lo hizo por nosotros a pesar de las burlas y del abandono de sus discípulos. El conocía cual era la voluntad de Su Padre. Muchas veces nosotros no entendemos los planes de Dios y comenzamos a cuestionarlo pidiéndole que nos salve de la situación en la que estamos. Lo que no nos imaginamos es que Dios tiene planes mayores para nuestra vida y quiere que busquemos su dirección. Nosotros pedimos salvación para el momento, y muchas veces Jesús está obrando para una salvación mucho mayor. Cuanto nos falta para aprender de la actitud de este malhechor que entendió lo que Jesús estaba haciendo en la cruz y confeso su necesidad de salvación. La repuesta de Jesús: ¨De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.¨ ¿Qué fue lo que hizo el malhechor? Simplemente creyó y confeso su necesidad de un Salvador.


Me es inevitable pensar en este cuadro ya que en el momento de su muerte la persona menos pensada es la que entiende lo que estaba haciendo Jesús en la cruz en ese momento. Todos sus discípulos lo habían abandonado. Pedro lo había negado tres veces, Juan lo había seguido hasta la cruz pero intento pasar desapercibido, Judas lo había traicionado, la gente que lo había aclamado como rey hace una semana atrás ahora estaba pidiendo su crucifixión. Los discípulos que habían caminado con Jesús durante su ministerio y visto tantas grandes señales y milagros ahora estaban derrotados. Jesús mismo les había declarado que era necesario que el muera, pero aun así no habían entendido el mensaje. Jesús les había pedido a sus discípulos que se queden orando con él un tiempo ya que estaba angustiado, pero ni una hora duraron sus discípulos y ya estaban dormidos en el huerto. La persona más cercana a Jesús en el momento de su muerte fue la persona menos pensada: un criminal que estaba siendo crucificado junto a Jesús.  Pero fue el único que comprendió en ese momento lo que estaba haciendo ahí. Estaba tomando su lugar. El justo tomando el lugar de los injustos. La confesión del criminal es la misma que Jesús quiere que tomemos nosotros. No importa cuán cerca hemos caminado con el Señor en estos años, Él quiere que reconozcamos que tiene el control de nuestras vidas y que podemos confiar en El durante cualquier prueba que tengamos que enfrentar. No seamos como los discípulos que no entendieron el mensaje y salieron disparados a esconderse. Seamos como este malhechor que reconoció que estaba sufriendo por sus malos actos pero que Jesus era el único que podía ofrecerle salvación eterna. No le pidamos a Dios que se baja de la cruz para salvarnos, sino que simplemente tenga misericordia de nosotros y nos salve para atraernos a Su Reino. 

Tuesday, October 27, 2015

Cuando Dios no responde de la manera que esperabamos


“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Lucas 2:7

El hijo de Dios, el Mesías prometido, el Cristo, había llegado a este mundo pero no de la manera en que todos lo esperaban. Este niño no nació en un palacio, sino que Dios escogió que su cama fuese un pesebre. Rodeado de animales en un establo, el Rey prometido que tanto esperaban los judíos había llegado pero ninguno se imaginaba que se diese en condición tan humilde. Seguro el Dios de los cielos enviaría a Su hijo a este mundo como el gran Redentor de Su Pueblo. Dios ejecutaría su ira contra los enemigos y levantaría a la nación de Israel una vez más como lo hizo en los tiempos de sus grandes heroes como David y Salomon. Jesus llegaría como el gran rey poderoso que tanto anhelaban, pero a diferencia de lo que esperaban Dios escogió a una virgen desconocida y a un carpintero para que sean los padres de este niño. Dios no pudo haber escogido un lugar más humilde que un pesebre para que el mundo reciba a Su hijo. En que estaba pensando Dios? Por que permitió que Su hijo llegue a este mundo en condiciones tan humildes? Acaso Jesus no era el Mesías prometido que iba a rescatar a su pueblo? Pero he aquí el niño nace en un pesebre y sus únicos testigos son los pastores que estaban cerca. No fue el recibimiento que todos esperábamos. Pero en medio de ese cuadro tan humilde, la gloria del Señor rodeó el lugar y un coro de angeles celestiales comenzaron a dar voces exaltando a Dios. Una vez más Dios actuó de una manera que nadie anticipaba y el que no estaba sensible a Su voz iba a perderse de este gran acontecimiento. 

Me pregunto cuantas veces nos habra pasado que Dios quiso revelarnos su plan para nuestras vidas pero debido a que no estábamos atentos a su voz nos perdimos de ver Sus propósitos cumplidos en nosotros. Muchas veces estamos esperando que Dios actué de determinada manera pero cuando no vemos los resultados que esperamos nos damos por vencidos o creemos que Dios no esta obrando cuando en realidad Dios estaba abriendo otras puertas pero nosotros estábamos concentrados en que iba a actuar de determinada forma. Estamos esperando al gran Mesías que se manifieste con poder y nos libere de nuestros enemigos cuando de repente el mover de Dios es diferente y quiere que lo presenciemos de otra forma. Cristo había venido para salvar al mundo, pero debido a que las expectativas de los escribas en la época era otra, nunca lo reconocieron. No nos perdamos su visitación simplemente porque no llega de la forma en la que lo esperamos. Si aprendemos a estar sensibles y atentos a Su voz vamos a ver su obrar de una manera aún mas gloriosa de la que esperábamos. No nos desanimemos cuando Dios no nos responde de la forma en que estamos esperando y aprendamos a ser sensibles a su mover y a lo que quiere hacer en medio nuestro. No encasillemos a Dios en nuestras mentes pequeñas, sino dejemos que el se expanda y nos enseñe los diseños que tiene para nosotros. Busquemos siempre su presencia y al disfrutar de una relación intima con él vamos a sorprendernos de las diferentes formas en que Dios se mueve alrededor nuestro.    

Tuesday, June 8, 2010

Un Corazón Agradecido


¨ ¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero?¨ Lucas 17:17-18
Una de las primeras lecciones que aprendí de niño por parte de mi madre fue siempre decir gracias cuando alguien me regalaba algo o me hacia algún favor. Es muy importante mantener un corazón agradecido en todo tiempo y enfocarnos en las cosas buenas que suceden en nuestras vidas. Muchas veces no vemos las cosas positivas porque nos enfocamos en los aspectos negativos y nos olvidamos de ser agradecido por todo lo bueno que nos ha acontecido. Esta misma enseñanza se aplica en el mundo espiritual. Estamos tan preocupados por los problemas que atravesamos que cuando oramos nos olvidamos de agradecerle a Dios por todos sus milagros en nuestras vidas y solo nos acercamos a Él para pedirle algún favor. Siempre estamos pidiendo cosas o buscando soluciones a nuestros problemas pero cuando nuestras oraciones son contestadas nos olvidamos de agradecerle a Dios por escucharnos. Oramos por salud para algún familiar o amigo, oramos para que Dios nos dé un nuevo trabajo, nos suba el sueldo, nos ayude en los estudios, y cuando Dios nos contesta envés de estar agradecido nos olvidamos de El o nos acercamos a pedir alguna otra cosa.
Lucas nos cuenta que un día mientras Jesús caminaba hacia Jerusalén se encontró con 10 leprosos que a la distancia lo llamaron y le pidieron que los sanara. Jesús al oír su petición les dijo que vayan a ver al sacerdote y mientras ellos iban en camino a verlo fueron sanos. Los 10 leprosos recibieron sanidad, pero solo uno decidió volver y agradecerle a Dios por el milagro que había sucedido. Jesús pregunto qué había pasado con los otros nueve y porque ninguno de ellos había regresado a agradecerle. Quizá estaban tan alegres por haber sido sanos que se olvidaron de quien los sano, decidieron volver a ver a sus familias y abrazarlos después de tanto tiempo de estar lejos de ellos y sin poder tocarlos. Jesús iba a entender que ellos necesitaban estar con sus familias después de tanto tiempo, pero la verdad es que solo uno regreso con un corazón agradecido y Jesús pregunto por los otros nueve ya que esperaba que regresen agradecidos.
Lo mismo sucede hoy en día en nuestras vidas. Muchas veces Dios contesta nuestras oraciones y nos olvidamos de tomarnos un tiempo en volver y agradecerle a El por el milagro que ha hecho en nuestras vidas. A veces creemos que como ya hemos sido escuchado no necesitamos continuar orando o sirviendo a Dios. Tantos han pasado por la iglesia recibiendo el perdón de Dios y la mayoría se ha alejado a las pocas semanas porque no han sabido mantener un corazón agradecido para con Dios y se han enfocado en sus propios problemas. Venimos desesperados ante Dios para que cambie nuestra situación y cuando ya hemos recibido lo que buscábamos nos olvidamos de Él y continuamos siguiendo nuestras propias metas y viviendo para nosotros mismos. Es importante ser como el leproso agradecido que regreso a Jesús para agradecerle antes de volver a ver a su familia o amigos. El supo poner a Dios en primer lugar en su vida y Jesús lo uso de ejemplo.
¨Jehová es mi fortaleza y escudo, en él confió mi corazón y fui ayudado, por lo que se gozo mi corazón. Con mi cantico lo alabaré.¨ Salmos 28:7