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Thursday, August 26, 2010

Volviendo a Vivir

¨Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.¨ Ezequiel 37: 9

Ezequiel fue llevado por el Espíritu a un valle lleno de huesos secos. La Biblia hace especial énfasis en que estos huesos estaban ¨secos en gran manera¨, y en ese momento Dios le pregunto al profeta si él creía que esos huesos podrían cobrar vida. Ezequiel conocía el poder de Dios y le contesto que si Él quería lo podía hacer posible, ya no había nada que el profeta no podía creer viniendo del todopoderoso. En ese momento los huesos comenzaron a juntarse, y se comenzaron a cubrir con tendones, y piel. Pero estos cuerpos aún no habían cobrado vida porque no tenían espíritu. A pesar de que ya no eran huesos secos, seguían siendo un montón de cuerpos muertos e inmóviles. Fue en ese momento que el Señor soplo su Espíritu desde los cuatro vientos y los cadáveres cobraron vida. Así mismo como esos huesos secos en gran manera cobraron vida así también el pueblo esparcido y derrotado de Israel iba a recobrar vida y volver a ser una nación grande y fuerte. Con esta profecía Dios lo dejo ver a Ezequiel que aún había esperanza para su pueblo a pesar de que las circunstancias demostraban lo contrario. Jehová no había castigado por siempre a Israel y Su Espíritu iba a estar sobre ellos, Su presencia iba a morar en medio de ellos.

Así como los huesos secos que no cobraron vida hasta que llegó el soplo del Espíritu, hay muchas personas andantes por la vida sin un propósito y razón por la cual vivir. Viven cada día como si fuera una carga y no entienden el significado de la vida. Viven una vida sin esperanza y solo aguardan su muerte. Son simplemente un montón de huesos secos, y secos en gran manera. Pero la Biblia dice que hay esperanza para ellos, solo necesitan recibir el soplo del Espíritu que les hará entender su propósito en esta vida y les devolverá la esperanza perdida. Dios quiere lo mejor para nuestras vidas, pero nosotros necesitamos abrir nuestros corazones y permitirle que Él sople de su abundante vida y gracia en nosotros. Podemos pasar toda la vida buscando satisfacer nuestros propios deseos para llenar ese vacío, pero no podremos conseguirlo si no permitimos el soplo del Espíritu en nuestras vidas.

Muchos de nosotros quizá ya hemos recibido ese soplo y vivimos una vida llena de esperanza, pero hay muchos que aún no han podido experimentarlo por lo cual es importante compartir ese regalo con los demás. No miremos a esta gente como huesos secos sin vida ni esperanza, porque el Espíritu puede revivir hasta los huesos más secos. Así como Dios llevo a Ezequiel al valle de los huesos secos para que vea como los huesos cobraban vida, Dios nos pone gente en nuestro camino para que les compartamos de esa nueva esperanza. Dios quiere soplar de su Espíritu en cada uno de nosotros y llenarnos de vida, gozo, paz, y justicia. Él quiere habitar en medio de nosotros.

¨Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.¨ Ezequiel 37: 14

http://estebueno2.blogspot.com/

Tuesday, August 24, 2010

¡Todavía Hay Esperanza!


¨El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas.¨ Ezequiel 36:33
Ezequiel profetizó sobre la caída de Israel debido al pecado del pueblo que se había olvidado de su Dios yendo atrás de ídolos, e inclusive llegaron tan lejos con su maldad que sacrificaron a sus hijos. A diferencia de otros profetas a él le toco vivir en su tiempo la caída de Jerusalén y la deportación de su gente a Babilonia. Los primeros 35 capítulos del libro del profeta anuncian el castigo de Dios sobre su pueblo, pero en el capítulo 36 luego de la caída de Israel llega el mensaje de esperanza para su gente. El pueblo sufrió el merecido castigo de Dios, pero Él no había abandonado a Su pueblo y prometió perdonar sus pecados y establecer un nuevo pacto con ellos. La misericordia de Dios no se apartó para siempre de Israel. Los últimos capítulos del libro de Ezequiel son dedicados a consolar a Su gente con la promesa de que Dios volvería a restaurarlos a pesar de que no merecían Su perdón. ¡Todavía había esperanza para la nación!
Al igual que el pueblo de Israel nosotros hemos pecado y eso nos ha alejado de Dios. El pecado no nos permite vivir una relación intima con Dios y muchas veces vivimos esclavizados al pecado. Las buenas noticias son que Jesús ya pago el precio por nuestros pecados y ahora podemos tener libre acceso a nuestro Padre. El sacrificio de Jesús en la cruz por nosotros es suficiente para restaurar nuestra comunión con Dios, solo tenemos que aceptar ese regalo para salir de la esclavitud  y volver a habitar la tierra que Dios nos ha prometido. El perdón es algo maravilloso y Mark Twain lo definió mejor cuando dijo ¨ El perdón es la fragancia que la flor deja en el pie de aquel que lo aplasta. ¨ No merecemos el perdón y el castigo de nuestra maldad es la muerte, pero por la gracia de Dios El nos restaura y levanta. ¡Qué bueno es saber  que Dios ha decidido tener misericordia de nosotros y darnos una esperanza nueva!
A cambio del perdón que hemos recibido Dios nos pide que nosotros también perdonemos a aquellos que nos han ofendido. Para muchos acá viene la parte difícil ya que creemos que aquellas personas que nos han dañado no merecen nuestro perdón. Es fácil recibir el perdón, pero cuando otra persona nos ofende a nosotros nos cuesta perdonarlo. Debemos aprender del perdón de Dios que es algo que recibimos inmerecidamente. De la misma manera aunque nos parezca que nuestro prójimo no merece nuestro perdón el Señor nos pide que lo hagamos. Es el único requisito que Dios nos pide a cambio de su perdón. Esto viene como algo natural para aquellos que realmente entienden el significado del perdón y lo han experimentado en sus vidas. Dios quiere restaurar las ruinas en nuestras vidas, pero para eso debemos perdonar a los que nos ofenden. Para los que se les hace difícil perdonar, pídanle a Dios que les dé un corazón nuevo, un corazón de carne.
¨Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.¨ Ezequiel 36:26

Thursday, August 19, 2010

Aprendiendo a Ser Consistentes

“No te has acordad de los días de tu juventud….Cuan inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada.” Ezequiel 16: 22 y 30

Que difícil se hace para uno mantener constancia en su diario caminar como creyente. Con tantas distracciones tendemos a veces a desviar nuestra mirada en Dios e ir tras los deseos de nuestro propio corazón. Si hay un adjetivo con el que pueden catalogar a los hombres es la inconstancia. Muchas veces queremos hacer lo que sabemos que es correcto, pero por distintas razones terminamos cometiendo errores haciendo lo que sabemos que está mal y que desagrada al corazón de Dios. No es un problema actual solamente. A través de la historia podemos ver como vez tras vez grandes héroes de la fe resbalaron. El pueblo de Israel estaba siendo castigado por haber dejado a Dios e irse atrás de ídolos y dioses falsos. Ezequiel le profetizó al pueblo acerca del juicio de Dios sobre su gente que estaba siendo deportada a Babilonia. La maldad del pueblo había llegado a tal grado que muchos llegaron a sacrificar a sus hijos en rituales paganos. Una vez más el hombre había incumplido el pacto de Dios y estaba sufriendo las consecuencias. Pareciera como si a veces la única consistencia que se pudiera encontrar en los seres humanos es que son inconsistentes.

Hoy sabemos que tenemos un Dios misericordioso y que a través del nuevo pacto que nos ofreció por medio de Su hijo, Jesucristo, ahora podemos recibir su perdón cuando hemos sido inconsistentes en nuestro diario caminar. El problema es que muchas veces creemos que el errar es simplemente parte de nuestra naturaleza humana y justificamos nuestras acciones o buscamos culpables externos. Siempre vamos a encontrar gente que consideramos peor que nosotros por lo cual justificamos nuestro accionar y nos creemos dignos. Nos equivocamos al creer que nuestra inconsistencia no es tan grave y no nos acercamos a nuestro Padre con un corazón arrepentido y sincero. Justificamos nuestro accionar y nos consideramos más dignos que los demás. Lamentablemente en el juicio de Dios vamos a estar frente a frente con nuestro Creador y no habrá nadie a nuestro alrededor con el cual nos podamos comparar o justificar.

La única solución es reconocer nuestro error y no buscar justificaciones o comparaciones con los demás. El que los demás sean inconsistentes no significa que nosotros tenemos que serlo también. Cuando caemos debemos acercarnos a nuestro Padre y buscar Su perdón con un corazón sincero sin auto justificar nuestras acciones o creer que no son tan graves. La próxima vez que caigamos no busquemos culpables, sino parémonos frente a un espejo y reconozcamos el verdadero culpable. No hay justificación que valga ante los ojos de Dios. Es necesario reconocer nuestra inconsistencia y levantarnos para ir en busca de la consistencia que solo se puede lograr con la ayuda de Dios y manteniendo nuestra mirada firme en El. Acordémonos del pacto que Dios ha hecho con nosotros y busquemos agradarlo en todo tiempo.

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