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Thursday, September 10, 2015

En el Mundo Tendréis Aflicción


“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33

Me he encontrado con muchos cristianos que recién cuando están atravesando una prueba muy dura comienzan a cuestionar a Dios. Cuando pierden a un ser querido, o pierden su empleo, o simplemente ven que las cosas no están funcionando de la manera que ellos querían comienzan a preguntarle a Dios ¿por qué? A mi no me sorprendería esta pregunta si viene de una persona que no ha disfrutado nunca de una relación personal con Dios, pero cuando un cristiano lo dice, me sorprendo porque de verdad pienso como pudimos haber sido tan egoístas. Acaso ¿no han habido otras personas que pierden seres queridos, que pierden sus empleos, o que están pasando un momento de extremo dolor? ¿Por qué no cuestionamos a Dios cuando ellos estaban atravesando alguna dificultad? Acaso porque nosotros estamos bien en nuestro relación con Dios, ¿eso significa que los demás merecen la aflicción que están atravesando? La respuesta es simple, como nunca nos había tocado experimentar un momento así nunca se nos ocurrió cuestionar a Dios. Estábamos tan encerrados en nuestra burbuja y viviendo nuestras vidas que creíamos que Dios nos guardaba de todo mal y que Él estaba ahi para atender a todas nuestras necesidades. Escuchábamos las malas noticias en la television de trágicas muertes o de accidentes mortales pero nunca se nos ocurrió cuestionar a Dios en ese momento porque no nos afectaba a nosotros. Cuan lejos estábamos del corazón de Dios al no sentir compasión alguna por aquellas personas y considerar que nosotros estábamos protegidos por nuestra justificación y fe. Pero cuando la aflicción golpeó nuestra puerta enseguida tornamos nuestro enojo contra Dios y comenzamos a cuestionarlo por no haber obrado de la manera en que esperábamos.  

En el capitulo 16 de Juan nos encontramos con un relato interesante. Los discípulos habían caminado con Jesus por más de un año y habían experimentado muchos milagros y señales pero aún así no entendían el propósito verdadero por el cual había venido Jesus, que era morir en la cruz por los pecados de la humanidad. Jesus les estaba advirtiendo sobre las aflicciones que iban a tener que atravesar por creer en Su nombre, mientras que ellos seguían esperando que Él los librara del yugo del imperio Romano. Estaban listos para coronar al Mesías como su Rey y libertador, pero Dios tenía un plan mucho mas grande para la humanidad. Jesus estaba preparando a sus discípulos para lo que iba a venir sabiendo que en ese momento no lo entenderían pero que más adelante sus promesas resonarían en sus corazones. Jesus sabía que en unas horas sus discípulos se esparcirían y lo abandonarían en el momento de mayor dolor, pero que Su propósito se iba a cumplir en sus vidas más adelante y que Su nombre sería glorificado. Jesus no les prometio liberarlos de la aflicción, sino a confiar en Él, el gran vencedor de la aflicción. 

Muchas veces tenemos nuestra mente tan enfocado en las cosas de este mundo, que nos olvidamos de mirar la vida a través de los ojos de Jesus. Él quiere que comencemos a vivir para Él confiando en Sus promesas y sabiendo que aún en los momentos de mayor dolor podemos estar seguros de que recibiremos de su paz porque Él ha vencido al mundo. Lo eterno siempre va a pesar mas que lo terrenal, pero vivimos como si fuera al revés entonces cuando la vida nos golpea con un fuerte golpe comenzamos a dudar del poder de Dios y cuestionar sus propósitos para nuestra vida. Jesus nos prometió dolor y aflicción, pero también nos anima a seguir confiando porque Él ya ha vencido y se quiere glorificar en nuestras vidas en medio del dolor. Así que la próxima vez que la vida nos golpee, detengámonos antes de preguntarle a Dios ¿Por qué permitió esto? y preguntémosle ¿Para qué? sabiendo que detrás del dolor hay un propósito eterno y una oportunidad más para confiar en la soberanía de Dios.  

Tuesday, September 1, 2015

Vida Eterna en Jesus

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6:68-69

Durante el velorio de mi padre me sentí inundado de paz y rodeado del cariño de muchas personas cercanas a mi familia. Después de haber luchado junto a él durante cinco años luego de que un infarto cerebral le había dejado semi-paralizado el lado derecho del cuerpo e imposibilitado del habla, me hubiese imaginado estar destrozado en ese momento ya que venía rehabilitándose muy bien y mostrando grandes avances previo a que sufriera su segundo e inesperado lamentable infarto. Fue un shock para toda la familia, especialmente para los que estábamos con él todo el día celebrando sus progresos y avances. Pero durante esas difíciles horas en que el cuerpo de mi papa estaba siendo velado pude experimentar esa increíble sensación de paz y tranquilidad a pesar del gran dolor que sentía por la perdida de mi padre. Una gran cantidad de versículos venían a mi mente, pero Juan 6:68 era le que resonaba con más fuerza. Al único que podemos recurrir en momentos así es a Jesus porque es el único que nos promete vida eterna y Su promesa se hizo tan real y evidente para mi vida en ese instante. Me llenó de consuelo saber que esto no era un adios sino un hasta pronto y que volveríamos a reencontrarnos cuando Dios lo disponga para volver a reír y conversar juntos. Pero al mismo tiempo me llevo a reflexionar de como sería el pasar por un momento así sin tener esa certeza y confianza de que Dios nos ofrece un regalo tan grande como la vida eterna. Hay muchos que no experimentan esa paz porque no la conocen o no la han vivido realmente. Para muchos la promesa de la vida eterna es tan solo un cuento ficticio o una mentira que nos decimos a nosotros mismos para apaciguar el dolor. Pero para aquellos que hemos experimentado una verdadera relación con Dios sabemos que es una realidad y eso nos llena de consuelo. 

Una situación similar estaban viviendo los discípulos de Jesus cuando experimentaron el milagro de la alimentación de los cinco mil hombres con tan solo cinco panes y dos pescados. Después de esta señal muchos comenzaron a seguir a Jesus y él les reclamo de que solo lo seguían porque fueron saciados de su hambre física. Jesus les recordó que debían buscar alimentarse de Su Palabra que es eterna y no de la comida que perece. Les recordó que él es el pan de vida y que el que a él viene no tendrá hambre jamas. Les dio a conocer la voluntad del Padre, “que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día final.” Muchos no entendieron estas palabras de Jesús porque no creían que él era verdaderamente el Hijo de Dios y no entendían que él había venido a entregar su vida por sus pecados. Cuando comenzó a hablar acerca de que él era el pan de vida y el que no comía de su carne no podía tener vida eterna, muchos lo dejaron de seguir porque creían que estaba loco. Enseguida Jesus miró a sus discípulos y les preguntó si ellos también querían irse, pero Pedro le respondió con estas palabras, “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Pedro creía que Jesus era realmente el Hijo de Dios y entendió que solo él tenía palabras de vida eterna. Aveces el mensaje de Jesus puede parecer duro, así como aveces no podemos entender sus planes y propósitos para nuestras vidas. No entendemos por que permite que sucedan ciertas cosas, pero cuando recordamos que esta vida es solo pasajera y que solo Dios ofrece vida eterna nos aferramos a Él y a Su Palabra y dejamos de cuestionar muchas cosas porque comenzamos a ver todo con ojos espirituales creyendo en la promesa de Jesus, el único que ofrece vida eterna. A medida que buscamos más de él esos cuestionamientos van desapareciendo y nuestras dudas van siendo respondidas por medio de Su Palabra. 


Friday, February 11, 2011

No Te Aflijas, Dios Ha Vencido!!!



¨Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.¨ Juan 16:33

Un error muy común que cometemos muchas veces cuando nos convertimos es creer que todo nos va a salir bien. Creemos que porque ahora somos cristianos todo va a ser color de rosas. Creemos que si Dios está con nosotros entonces nada malo nos pasara, pero al contrario Jesús nos dijo que en el mundo tendremos aflicción. Si no me creen entonces miren la vida de todos los primeros cristianos en el Nuevo Testamento que tuvieron que padecer hambre y percusión por seguir a Cristo y predicar su evangelio. Muchos inclusive fueron muertos, otros encarcelados, y otros crucificados a causa de seguirlo a Jesús. Dios nunca nos dijo que no íbamos a tener problemas. Lo que si promete el Señor es que estará con nosotros en medio de nuestra aflicción. Él promete no abandonarnos nunca. Él se duele junto a nosotros, no nos deja enfrentar nuestros problemas y dificultades solos. Dios promete traer paz en medio de la aflicción. Él es el único que nos da paz cuando todo en nuestro mundo parece estar mal. La gran diferencia entre las personas que tienen a Jesús en su corazón y las que no, es que los que tienen a Cristo pueden experimentar una paz en medio de los problemas. Saben que hay alguien que tuvo que experimentar peores dolores que los nuestros y los venció. Por lo tanto no estamos solos cuando enfrentamos problemas, sino que tenemos a alguien que nos ayuda a atravesar esas dificultades y que nos promete la victoria porque Él ya ha vencido al mundo.

 Jesús fue un claro ejemplo de cómo hay que vivir la vida cristiana. Él no vino simplemente para disfrutar la vida, sino que vino a servir y entregarse por los demás. Nosotros muchas veces vivimos un cristianismo cómodo creyendo que Dios está ahí a nuestro lado para darnos todo lo que le pedimos. Esa gente es la que no entiende cuando se enfrenta a algún problema ya que piensan que Dios les ha dado la espalda y los ha abandonado. Creen que Dios los está castigando por algo, pero la verdad es que los problemas van a llegar de cualquier manera. La diferencia está en que Dios nos sostiene en medio de nuestras necesidades, solo hay que confiar en Él y saber que Él está en control de la situación. Dios nos ha prometido dejarnos su consolador, el Espíritu Santo, el cual nos llena de una paz más allá del razonamiento humano. Mucha gente no va a entender cómo puedes estar tan lleno de paz y seguridad en medio de tantas turbulencias y aflicciones, pero es el Espíritu Santo que está con nosotros para animarnos y darnos esa seguridad de que saldremos adelante.

Quizá muchos están pasando un momento muy difícil en sus vidas y sinceramente no sé porque Dios ha permitido que les sucedan esas cosas, pero los que sí les puedo garantizar es que Dios está ahí a su lado para traerles paz en medio del problema. No le preguntes a Dios porque permitió que pases por lo que estas pasando, sino pídele que te ayude a atravesar el problema, porque Él ya ha vencido al mundo y es el único que nos puede dar paz. Pide que te mande a Su Espíritu Santo para que te llene de su paz y consolación. Él es el único que te puede sostener en medio de tu dificultad porque Él ya ha experimentado peores dolores y aflicciones que las nuestras. Yo he experimentado de esa paz en medio de los problemas que me han tocado enfrentar y sé que solo he salido adelante porque Su mano me ha sostenido en todo tiempo. Muchas veces es en medio de esas aflicciones y problemas cuando aprendemos las lecciones más grandes de nuestras vidas. Los problemas moldean nuestro carácter y nos van formando para ayudarnos a crecer como personas. Pongamos toda nuestra confianza en Dios, que Él es el único que nos puede llenar con su paz en medio de los problemas.