Monday, February 21, 2011

La Fe Acompañada de la Acción


¨Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte…Mirad yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres.¨ Deuteronomio 1:6,8

El libro de Deuteronomio comienza con un mensaje de Moisés hacia la nueva generación de futuros conquistadores israelitas. El les recuerda como sus padres se perdieron la bendición de entrar a la tierra prometida por su incredulidad, y tuvieron que dar vueltas por el desierto 40 años cuando estaban tan solo a 11 días de distancia de Canaán. Moisés no iba a estar mucho tiempo más con su gente y antes de partir quería dejarles claro que si creían en las promesas de Dios y estaban atentos a su voz iban a poder conquistar la tierra que fluye leche y miel. No quería que cometan los mismos errores que sus padres para que no terminen vagando por el desierto otros 40 años más. Dios le ordenó a Moisés que era el tiempo de moverse y hacer que su gente marche hacia la tierra prometida, ya habían estado bastante tiempo en este monte y no quedaba ni uno de los hombres de la generación anterior que no le creyó a Dios. Josué y Caleb, los dos que habían creído que Dios les entregaría la tierra, eran los únicos sobrevivientes de su generación que iban a conquistar la tierra. Moisés ya había designado a Josué como el líder de su gente para poseer las promesas de Dios. El mandato ya había sido dado por Dios, era hora de moverse y comenzar con la conquista. La nueva generación ya había sido advertida sobre la incredulidad. Todos estaban listos para marchar hacia adelante y conquistar la tierra. Su fe ahora si estaba puesta en Dios y habían aprendido de los errores de sus padres. Con Dios todo era posible y si Él les prometió entregarles Canaán entonces lo iba a hacer.

 La fe tiene que venir acompañada con la acción. Dios había prometido entregarles la tierra de Canaán a los israelitas, una tierra muy productiva y rica, pero no era cuestión de creer solamente. Canaán estaba habitada por gigantes y por varios pueblos fuertes y numerosos. Los israelitas iban a tener que levantarse y pelear para obtener la tierra. Muchos de nosotros a veces creemos que cuando Dios nos promete algo nos lo va a dar sin que tengamos que mover un dedo. Si ese fuera el caso entonces Dios les hubiera entregado la tierra sin que tengan que luchar por ella. Los que conocemos la historia de la conquista de Canaán sabemos que ese no fue el caso. Los israelitas se tuvieron que levantar y enfrentar a un pueblo más fuerte y numeroso que ellos. Así es como actúa la fe. A pesar de que la lógica nos muestre que no se puede, sabemos por fe que Dios nos va a dar lo que nos prometió. Los hijos de Israel habían aprendido la lección al ver que sus padres nunca habían podido poseer la tierra y sabían que lo único que los separaba de la tierra prometida era poner su fe en acción. El primer requisito de Dios hacia su gente fue que se levanten y marchen en pos de la tierra. Era hora de abandonar el monte por el cual habían rondado por 40 años y marchar hacia adelante. El primer paso que tenemos que dar siempre es estar atentos a la voz de Dios y saber que cuando nos ordene a ir en pos de sus promesas nos levantemos y vayamos hacia adelante aunque no sepamos como lo vamos a lograr.

 Finalmente había llegado la hora para que el pueblo marche hacia la tierra prometida. La promesa estaba frente a sus narices y ahora sí esta generación le creía a Dios. A pesar de que la lógica humana decía que no se podía, habían personas como Josué que sabían que si Dios estaba con ellos nada los podía frenar. Había llegado la hora de poner su fe en acción. Con fuerzas humanas nunca hubiesen podido poseer la tierra, pero Dios se los había prometido y lo iban a lograr. Quizá a muchos de nosotros Dios nos ha dicho que ya hemos estado suficiente tiempo en este monte, la hora de poner nuestra fe en acción ha llegado. Tenemos que levantarnos e ir en pos de la promesa. Estemos atentos a lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Dejemos que Él nos hable y confiemos que vamos a alcanzar esas promesas. Tengamos cuidado de no caer en la incredulidad y perdernos de las grandes riquezas que Dios tiene para nuestras vidas. Israel iba a tener que luchar por poseer la tierra, pero con Dios la victoria ya estaba garantizada, solo era cuestión de poner su fe en acción. Lo mismo es una realidad en nuestras vidas hoy, seamos la generación de conquistadores que le cree a Dios y marcha hacia adelante.

Friday, February 18, 2011

Un Nuevo Líder


¨Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.¨ Números 27:16-17

El largo liderazgo de parte de Moisés estaba llegando a su fin. Moisés había demostrado ser un gran líder, atento a las necesidades de su pueblo y sumamente paciente ya que el pueblo le dio más de un dolor de cabeza con sus constantes quejas. ¿Quién se hubiese imaginado que ese hombre que había huido de Egipto por temor se convertiría luego en el gran líder y libertador de los Israelitas? Seguía siendo ese mismo hombre que una vez había visto la zarza ardiendo que no se consumía y tenía temor de liderar a su gente porque no sabía hablar, pero ahora ya había madurado y crecido a través de las pruebas. Moisés se dejo usar por Dios y logro grandes cosas aunque nunca se creía capaz de alcanzarlas. Dios hizo todos los milagros a través de Moisés. Moisés no tenía que hacer nada, solo escuchar la voz de Dios y obedecerlo y fue exactamente lo que hizo. La fe de Moisés hizo que su relación con Dios crezca de tal manera que Moisés se termino convirtiendo en la voz de Dios para el pueblo. Fue el intermediador entre Dios y su gente ya que cuando el pueblo caía en pecado, Moisés era el que se interponía entre ellos y Dios buscando el perdón para su pueblo. Moisés tuvo que aguantar a los hebreos por 40 años en el desierto y demostró siempre ser un gran líder que buscaba lo mejor para su gente. Ahora cuando ya le estaba por llegar la hora de partir la preocupación de Moisés era evidente. Su gente iba a necesitar un nuevo líder que pudiera ayudarlos a conquistar la tierra que Dios les había prometido.

Moisés sabía que Dios podía levantar un gran líder para su pueblo porque sabía que Dios había hecho lo mismo con él. Moisés no tenía las grandes cualidades que la gente busca generalmente en un líder. Moisés era tartamudo. La única razón por la cual Moisés pudo convertirse en un líder es porque la mano de Dios estaba sobre él. Por lo tanto Moisés no quería dejar a su pueblo bajo el mando de cualquier persona. No quería buscar un líder con grandes cualidades, sino que quería asegurarse que Dios escogiera a la persona indicada. Dios no mira como miramos los hombres. El mira el corazón y busca gente que lo tema y busque. Moisés tenía un gran temor de Dios, una relación increíble con él y sabia que el próximo líder de Israel debía ser alguien que podía tener ese mismo acceso y comunión con Dios. Moisés no estaba preocupado por su propia vida, sino que estaba interesado en su gente y asegurarse que lleguen a la tierra prometida. Moisés nunca llego a entrar a esa tierra porque cometió pecado ante Dios y este le prohibió entrar a la tierra prometida, pero una recompensa más grande le esperaba a Moisés tras su muerte. Moisés sabia que él iba a estar en excelentes manos, pero su preocupación estaba puesta en el resto de la gente y asegurarse que puedan encontrar a alguien que los lidere a la tierra que Dios les había prometido.

El hombre que Dios había escogido para ser el sucesor de Moisés era Josué, uno de los dos espías que creyó que Dios los ayudaría a derrotar a los gigantes y poseer la tierra. Josué tenía su mirada puesta en Dios y sabía que con él podía alcanzar todas las promesas. Josué y Caleb fueron los únicos que creyeron y por lo tanto fueron los únicos sobrevivientes de la generación que finalmente lograría poseer la tierra prometida de Canaán. Quizá Josué no tenía las cualidades para ser un gran líder. Nadie lo escucho cuando regreso de espiar la tierra a pesar de sus palabras de fe y de conquista. Pero Dios había visto el corazón y la valentía de Josué y sabía que una persona como él se podía dejar moldear para convertirse en el líder que su gente necesitaba. Quizá muchos de nosotros no nos consideremos como personas importantes o con grandes talentos, pero Dios ve un potencial en cada uno de nosotros. Dios quiere hacer grandes cosas en nuestra vida, pero requiere de nuestra fe y de nuestra voluntad de entregarle nuestras vidas y talentos en sus manos y dejarnos moldear por Él. Moisés se dejo usar y Dios hizo grandes cosas con él, ahora le tocaba el turno a Josué. Moisés se aseguro de dejar a su pueblo en buenas manos. Su misión se había cumplido y su recompensa lo estaría esperando muy pronto. A Israel lo esperaba una nueva misión de conquista con un nuevo líder, pero con el mismo Dios que había estado con ellos durante todos estos años.

Wednesday, February 16, 2011

Dios Cumple Lo Que Promete


¨Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?¨ Números 23:19

A pesar de la terquedad del pueblo israelita, Dios estaba con ellos. Los israelitas comenzaban a convertirse en una nación grande y fuerte mientras marchaban en pos de la tierra prometida. En el capítulo 22 de Números podemos ver como Dios le daba la victoria a Su pueblo ante los  cananeos, amorreos, y frente a Og, rey de Básan. Las naciones vecinas comenzaron a temer a los Israelitas ya que escuchaban historias de cómo habían escapado de la gran nación egipcia y sabían que Dios estaba con ellos. Llego a tal extremo el temor de los moabitas que su rey, Balac, decidió ir en busca de un hombre llamado Balaam para que maldiga al pueblo hebreo. Balac conocía el poder de Balaam y sabía que ¨el que tú (Balaam) bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.¨ Lo que Balac no sabía es que Balaam no podía maldecir al pueblo que contaba con la protección de Dios. Balaam sabía que Israel era el pueblo escogido por Dios y que iban a alcanzar la tierra prometida por lo cual no pudo maldecir a los israelitas. Dios es más poderoso que el enemigo y no hay maldición, ni agüero que pueda tocar a Su pueblo. Nosotros contamos con esa misma protección hoy porque somos Sus hijos y Dios ha prometido guardarnos de todo mal. A Balaam no le quedo otra alternativa que bendecir a Israel ya que sabía que Dios cumplía sus promesas y que Israel poseería la tierra prometida. Si Dios te ha prometido algo, ten la certeza de que lo va a cumplir en tu vida.

Balac fue muy insistente y busco por varias vías que Balaam maldijera al pueblo de Dios pero ninguna fue efectiva. Balaam termino bendiciendo a Israel no una, sino tres veces ya que Balaam tenía que decir lo que Dios le mandaba decir. Qué bueno es saber que Dios está a nuestro lado y que por más que el enemigo intente maldecirnos y detenernos no lo puede hacer porque Dios ha dado la orden de bendecir nuestras vidas y quiere cumplir todas sus promesas en nosotros. Él tiene un propósito grande para cada uno de sus hijos y no hay nada que pueda detener que esa promesa se cumpla. Lo único que nos puede alejar de Dios somos nosotros mismos si permitimos que el pecado nos gobierne y nos aleje de Dios. Debemos permanecer confiados en las promesas de Dios y saber que a Su tiempo Él las va a cumplir. Lo único que impedía entrar a los israelitas en la tierra prometida había sido su incredulidad. Ahora deberían esperar que la próxima generación conquiste la tierra junto a Josué. No dejemos que la incredulidad ni el pecado nos aleje de la bendición que Dios tiene para nosotros.

En el siguiente capítulo de Números vemos como una vez más el pueblo cae en pecado. Cuando llegaron a la frontera donde habitaban los Moabitas comenzaron a tomar a sus mujeres para sí y adorar a sus dioses. En Apocalipsis Juan menciona algo interesante sobre Balaam que no se menciono en Números. Juan dice que Balaam le enseño a Balac ¨como poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.¨ (Apocalipsis 2:14). Si bien Balaam no podía maldecir a los israelitas si sabía cómo ponerles tropiezo para que ellos mismos no permitan el obrar de Dios en sus vidas. Balaam sabía cómo poner enemistad entre Dios y su pueblo ya que conoce que el pecado es lo único que puede separar al hombre y dañar su relación con Dios. El enemigo no nos puede maldecir pero si buscara la manera de hacernos caer para que no permitamos que Dios haga su obra completa en nosotros. Tengamos cuidado y estemos alerta en todo tiempo porque la promesa de Dios ya ha sido dada y los únicos que podemos hacer que esa promesa se atrase en nuestras vidas somos nosotros mismos al no permitirle obrar como Él quiere. Lo bueno es que Jesús ya pago el precio por nuestro pecado y solo a través de su perdón podemos reconciliarnos con Dios para que su propósito se siga cumpliendo en nuestras vidas. No impidamos que el pecado nos aleje de Dios, más bien permanezcamos firmes y busquemos mantenernos confiados en sus promesas en todo tiempo; y si caemos busquemos una reconciliación inmediata con Dios.

Tuesday, February 15, 2011

La Tierra es Buena!


¨La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.¨ Números 14:7-8

El momento de dar el paso de fe y entrar a la tierra prometida estaba a punto de llegar para el pueblo hebreo. Los israelitas estaban a la puerta de la tierra donde fluía leche y miel, pero primero Dios le manda a Moisés que escoja doce espías para que entren e inspeccionen la tierra. Los doce espías regresaron de su misión con un mensaje nada alentador. Reconocieron que la tierra era muy fértil y extremadamente buena, pero también vieron que el enemigo era demasiado numeroso, grande, y fuerte. Era imposible que pudieran poseer la tierra contra esos gigantes. La gente se desanimo rápidamente y nuevamente comenzaron a soñar con regresar a la esclavitud en Egipto. Anhelaban esos días en los cuales eran esclavos en Egipto y se habían olvidado de todas las peripecias que habían pasado ahí. Muchas veces cuando miramos el pasado nos olvidamos de las cosas malas y solo nos enfocamos en lo bueno. El mirar hacia el pasado nunca nos va a ayudar seguir adelante porque distorsionamos el pasado haciéndolo ver como algo bueno y dejamos a un lado todo lo que nos estaba deteniendo para ser verdaderamente libres. Los hebreos estaban a un paso de poseer una tierra sumamente rica, pero por enfocarse en su pasado y por temor de enfrentar a los gigantes preferían volver a Egipto y vivir como esclavos. Muchas veces el temor a enfrentar un nuevo objetivo nos hace mirar el pasado y desear habernos quedado ahí en ese lugar, en vez de aceptar los desafíos y enfrentar un futuro mejor. No nos concentremos en el pasado sino enfoquémonos en Dios que es el único que nos ayuda a conquistar las promesas que nos ha dado.

No todos los espías regresaron con noticias desalentadoras. Habían dos espías que sabían en quien estaba puesta su confianza y recordaban al Dios poderoso que los había librado de los egipcios, los había hecho cruzar el Mar Rojo, les daba alimento todos los días en el desierto, y los sostenía en todo tiempo. Este Dios que había demostrado vez tras vez su poder y mano milagroso no los iba a dejar morir en el desierto. Dios les había prometido darles la tierra prometida y hasta el momento siempre había demostrado estar con Su pueblo por lo tanto Josué y Caleb creyeron que Dios les iba a entregar esa tierra y no tuvieron temor de los gigantes. Sin embargo solo dos de los doce espías regresaron con esta mentalidad, y la mayoría desalentó al resto del pueblo. La realidad era que los israelitas nunca iban a poder entrar a la tierra prometida por si solos. Los diez espías tenían razón, eran mucho más débiles que el enemigo, pero Josué y Caleb no fueron a espiar con una mentalidad humana, sino que fueron con los ojos espirituales abiertos y sabían que si Dios estaba con ellos entonces nada ni nadie les podía detener. Las palabras de Josué hacia el pueblo fueron ¨si Dios está con nosotros entonces nos los comeremos como pan.¨ Josué era un gran hombre de fe que había visto la mano poderosa de Dios y sabía que el enemigo era pan comido. Josué y Caleb tenían otra mentalidad porque su confianza y su fe estaban puestas en Dios y confiaban en sus promesas.

Me resulta interesante ver como los hebreos recordaban su pasado en Egipto. Cualquiera se hubiese imaginado que vivían como reyes ya que hablaban maravillas de esa tierra. Su mirada estaba puesta en un pasado distorsionado porque en realidad vivían como esclavos en esa tierra y clamaban para que Dios los libre. Sin embargo al mirar hacia el pasado, no recordaban los milagros que Dios hizo para librarlos de los egipcios, ni recordaban como Dios abrió el Mar Rojo para que crucen en seco, ni como Dios hacía brotar ríos de agua en medio del desierto, ni como les proveía de Mana en el desierto para comer. ¿Cómo podían mirar hacia el pasado sin recordar todos esos grandes milagros de Dios? ¿No podría ese mismo Dios entregarles la tierra que les había jurado dar? La incredulidad de los israelitas y su mirada puesta en un pasado distorsionado no les permitió poseer la tierra prometida. Los únicos que iban a entrar a Canaán serian Josué y Caleb con la próxima generación hebrea ya que la incredulidad del resto resultaría en un alto costo: vagar 40 años en el desierto. La incredulidad en nuestras vidas puede resultar en no alcanzar las grandes promesas que Dios nos ha dado. Tengamos cuidado con poner nuestra mirada en el pasado y anhelar cosas pasadas cuando Dios tiene cosas mejores para nuestro futuro. Pongamos nuestra confianza en Dios y creamos en sus promesas porque Él es fiel y cumple lo que promete.

Friday, February 11, 2011

No Te Aflijas, Dios Ha Vencido!!!



¨Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.¨ Juan 16:33

Un error muy común que cometemos muchas veces cuando nos convertimos es creer que todo nos va a salir bien. Creemos que porque ahora somos cristianos todo va a ser color de rosas. Creemos que si Dios está con nosotros entonces nada malo nos pasara, pero al contrario Jesús nos dijo que en el mundo tendremos aflicción. Si no me creen entonces miren la vida de todos los primeros cristianos en el Nuevo Testamento que tuvieron que padecer hambre y percusión por seguir a Cristo y predicar su evangelio. Muchos inclusive fueron muertos, otros encarcelados, y otros crucificados a causa de seguirlo a Jesús. Dios nunca nos dijo que no íbamos a tener problemas. Lo que si promete el Señor es que estará con nosotros en medio de nuestra aflicción. Él promete no abandonarnos nunca. Él se duele junto a nosotros, no nos deja enfrentar nuestros problemas y dificultades solos. Dios promete traer paz en medio de la aflicción. Él es el único que nos da paz cuando todo en nuestro mundo parece estar mal. La gran diferencia entre las personas que tienen a Jesús en su corazón y las que no, es que los que tienen a Cristo pueden experimentar una paz en medio de los problemas. Saben que hay alguien que tuvo que experimentar peores dolores que los nuestros y los venció. Por lo tanto no estamos solos cuando enfrentamos problemas, sino que tenemos a alguien que nos ayuda a atravesar esas dificultades y que nos promete la victoria porque Él ya ha vencido al mundo.

 Jesús fue un claro ejemplo de cómo hay que vivir la vida cristiana. Él no vino simplemente para disfrutar la vida, sino que vino a servir y entregarse por los demás. Nosotros muchas veces vivimos un cristianismo cómodo creyendo que Dios está ahí a nuestro lado para darnos todo lo que le pedimos. Esa gente es la que no entiende cuando se enfrenta a algún problema ya que piensan que Dios les ha dado la espalda y los ha abandonado. Creen que Dios los está castigando por algo, pero la verdad es que los problemas van a llegar de cualquier manera. La diferencia está en que Dios nos sostiene en medio de nuestras necesidades, solo hay que confiar en Él y saber que Él está en control de la situación. Dios nos ha prometido dejarnos su consolador, el Espíritu Santo, el cual nos llena de una paz más allá del razonamiento humano. Mucha gente no va a entender cómo puedes estar tan lleno de paz y seguridad en medio de tantas turbulencias y aflicciones, pero es el Espíritu Santo que está con nosotros para animarnos y darnos esa seguridad de que saldremos adelante.

Quizá muchos están pasando un momento muy difícil en sus vidas y sinceramente no sé porque Dios ha permitido que les sucedan esas cosas, pero los que sí les puedo garantizar es que Dios está ahí a su lado para traerles paz en medio del problema. No le preguntes a Dios porque permitió que pases por lo que estas pasando, sino pídele que te ayude a atravesar el problema, porque Él ya ha vencido al mundo y es el único que nos puede dar paz. Pide que te mande a Su Espíritu Santo para que te llene de su paz y consolación. Él es el único que te puede sostener en medio de tu dificultad porque Él ya ha experimentado peores dolores y aflicciones que las nuestras. Yo he experimentado de esa paz en medio de los problemas que me han tocado enfrentar y sé que solo he salido adelante porque Su mano me ha sostenido en todo tiempo. Muchas veces es en medio de esas aflicciones y problemas cuando aprendemos las lecciones más grandes de nuestras vidas. Los problemas moldean nuestro carácter y nos van formando para ayudarnos a crecer como personas. Pongamos toda nuestra confianza en Dios, que Él es el único que nos puede llenar con su paz en medio de los problemas.